“Es solo estrés.” “Es cosa de la edad.” “Se pasa con el tiempo.”. Estas explicaciones nos tranquilizan durante un tiempo, pero ocultan un problema que va en aumento. ¿Por qué esperamos tantas veces a que el cuerpo o la mente nos obliguen a parar?

El cerebro nos da señales antes de obligarnos a parar
Vivimos en una época de mayor estrés, más ansiedad debido al cansancio acumulado y un aumento de los casos de agotamiento que llegan a las consultas.
En parte, sabemos por qué.
La “hiperconectividad” — El hecho de estar constantemente expuestos a noticias y acontecimientos que nos provocan estrés, y de estar siempre localizables gracias a las tecnologías que facilitan la comunicación — es quizá el factor principal.
La velocidad a la que avanza también el mundo moderno.
Pero, aun así, ¿por qué no se evita el agotamiento? ¿Por qué no rompemos este ciclo de acumulación de estrés y fatiga mental antes de que se convierta en algo devastador?
La respuesta es más sencilla de lo que parece: porque, en realidad, el problema de fondo es que el espacio que ahora ocupa la tecnología, la información y el entretenimiento han sustituido a capacidad para “escuchar” al cuerpo — de estar en contacto con los mecanismos más básicos de su funcionamiento, que nos indican que algo no va bien y que hay que cambiarlo.
Esta “atención”, que a menudo surge en el silencio, o en los momentos aburridos, en los que no se está haciendo nada, se está sustituyendo por distracciones constantes.
Este fue uno de los temas tratados por el neurólogo y neuropsiquiatra José Padrão Mendes en una entrevista concedida a la revista Puntos de vista. La conversación cuestiona una medicina acostumbrada a reaccionar ante la enfermedad y propone otro punto de partida: reconocer los síntomas mientras aún hay margen para prevenir.
¿Por qué hemos pospuesto la solicitud de ayuda?
Burnout, depresión resistente o deterioro cognitivo no empiezan el día en que se hacen evidentes y es imposible ignorarlas.
Según el médico, el sistema nervioso puede estar sufriendo hace meses o años cuando por fin se busca ayuda. Aun así, seguimos posponiéndolo:
“Todavía persiste la idea de que pedir ayuda a tiempo es un signo de debilidad. Y nos hemos acostumbrado a justificar los síntomas: el cansancio extremo como “estrés”, los lapsos de memoria como “la edad”. Solo nos detenemos cuando el cuerpo o la mente nos obligan a hacerlo. Pero el cerebro da señales mucho antes de eso.”
¿Qué síntomas son esos? En la entrevista se habla de cansancio persistente, alteraciones de la memoria y pérdida de la capacidad para afrontar situaciones cotidianas que antes resultaban triviales, pero no ofrece una lista fija — porque no existe.
En su lugar, propone un criterio que ayuda a darse cuenta de cuándo una etapa difícil puede requerir atención especializada.
¿Cuándo deja de ser solo una etapa?
“La línea divisoria viene determinada por el tiempo y la funcionalidad. Si los síntomas persisten durante semanas y empiezan a afectar al trabajo, a las relaciones o al disfrute de las actividades cotidianas, es señal de que el sistema necesita ayuda especializada.”
Esta respuesta desplaza el foco de atención de la etiqueta hacia el impacto real en el día a día.
No hace falta esperar a que se diagnostique una enfermedad grave para tomarse en serio el sufrimiento.
También no basta considerar la mente de forma aislada: José Padrão Mendes explica cómo el estrés crónico interactúa con el sistema inmunitario, el cardiovascular y el microbioma, y por qué separar la neurología, la psiquiatría y la psicología puede limitar la respuesta.
¿Qué le estamos quitando al cerebro?
La entrevista relaciona la ansiedad y el agotamiento actuales con un estado de hiperestimulación continua.
Las notificaciones, la presión laboral y la falta de descansos mantienen al organismo en estado de alerta, mientras que los hábitos fundamentales quedan relegados a un segundo plano: “Nos falta el ‘combustible básico’: descanso, luz solar, movimiento y silencio”.”
La conversación se extiende al envejecimiento cognitivo, al papel de las familias como primeros “centinelas” y a las posibilidades que ofrecen la cartografía cerebral y las neuroterapias.
La tecnología y la prevención van de la mano, pero el mensaje final es profundamente humano: “Protege tu cerebro: es el depositario de tus recuerdos, tu creatividad, tu autonomía y tu capacidad de amar. No esperes a que se deteriore”.”
Este texto solo adelanta algunos momentos de la conversación. Para leer la entrevista completa del Dr. José Padrão Mendes en la revista Puntos de vista, Lee la entrevista completa aquí.